El Día de la Ascensión, celebrado 40 días después de la Pascua, conmemora la subida de Jesucristo al cielo en cuerpo y alma, según la tradición cristiana. Este evento marca el final de su vida terrenal y el comienzo de su reinado glorioso junto al Padre, dejando a sus discípulos con la misión de continuar su obra en la tierra.

 

¿Qué simboliza el Día de la Ascensión?

La Ascensión simboliza la culminación del misterio pascual: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, y su glorificación. Es un recordatorio de la esperanza cristiana en la vida eterna y la promesa de la segunda venida de Jesús.

Jesús, al ascender, no abandona a sus discípulos, sino que promete el envío del Espíritu Santo, quien descenderá en Pentecostés para guiarlos y fortalecerlos en su misión evangelizadora.

 

¿Dónde y cómo se originó el Día de la Ascensión?

El relato de la Ascensión se encuentra en el Nuevo Testamento, principalmente en el Evangelio de Lucas (24:50-53) y en los Hechos de los Apóstoles (1:6-11). Desde los primeros siglos del cristianismo, esta festividad ha sido parte del calendario litúrgico, celebrada con alegría y solemnidad.

En el Monte de los Olivos, el lugar tradicionalmente asociado con este evento, los cristianos han conmemorado la Ascensión con procesiones y oraciones desde tiempos antiguos.

 

¿Cómo se celebra el Día de la Ascensión en el mundo?

  • Europa: En países como Francia y Alemania, se realizan misas solemnes y procesiones que incluyen bendiciones de los campos para pedir buenas cosechas.
  • América Latina: Es una festividad principalmente litúrgica, con misas y momentos de oración comunitaria.
  • Filipinas: Se realizan ceremonias especiales en las iglesias, a menudo acompañadas de procesiones y tradiciones populares.
  • Jerusalén: Los peregrinos se reúnen en el Monte de los Olivos para participar en misas y oraciones en el lugar donde se cree que ocurrió la Ascensión.

Reflexión sobre el Día de la Ascensión

El Día de la Ascensión invita a los cristianos a mirar hacia el cielo, no solo como un lugar físico, sino como una llamada a vivir con esperanza y compromiso en la tierra. Es una oportunidad para reflexionar sobre la misión personal de cada creyente de llevar el amor y la palabra de Cristo al mundo.